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El calor no se ve, pero se siente: cómo las altas temperaturas y la humedad afectan al caballo atleta.

  • 8 ago
  • 7 min de lectura

En deportes como las carreras de barriles, pole bending, keyhole, Big T y otras pruebas de gymkhana, muchas veces pensamos en el esfuerzo físico únicamente durante los segundos que dura la competencia. Sin embargo, para el caballo atleta la carga térmica comienza mucho antes de entrar a la pista: durante el transporte, la espera, el calentamiento, la exposición al sol y las diferentes rondas de competencia.

Cuando se combinan temperaturas elevadas, humedad alta y ejercicio intenso, la capacidad natural del caballo para eliminar el calor puede verse seriamente comprometida. Esta combinación puede afectar su rendimiento, su recuperación y, en casos extremos, poner en peligro su vida.


El caballo produce una enorme cantidad de calor cuando trabaja

El caballo es un atleta extraordinariamente potente, pero esa potencia tiene un costo fisiológico. Durante el ejercicio, gran parte de la energía utilizada por los músculos no se convierte en movimiento, sino en calor. Investigaciones sobre fisiología equina estiman que aproximadamente 80% de la energía generada durante el ejercicio termina liberándose como calor

Para evitar que la temperatura corporal aumente peligrosamente, el organismo debe eliminar ese exceso de calor. El principal mecanismo que utiliza el caballo es la evaporación del sudor. En condiciones favorables, alrededor del 70% de la pérdida de calor durante el ejercicio puede producirse mediante evaporación. 

Aquí es donde la humedad se convierte en un problema.


Alta humedad: el caballo suda, pero no necesariamente se enfría

Sudar por sí solo no enfría al caballo. Lo que realmente produce el enfriamiento es que ese sudor se evapore. Cuando el aire está seco, la evaporación ocurre con relativa eficiencia. Pero cuando la humedad ambiental es elevada, el aire ya contiene una gran cantidad de vapor de agua y disminuye considerablemente su capacidad para recibir más humedad proveniente del sudor.

El resultado puede ser un caballo completamente empapado en sudor que, paradójicamente, continúa acumulando calor.

La literatura veterinaria señala que las condiciones cálidas y húmedas reducen considerablemente la eficiencia de la evaporación y aumentan el riesgo de hipertermia durante el ejercicio. 

Esto es particularmente relevante en Puerto Rico, donde durante el verano es común encontrar temperaturas cercanas a 88–90°F acompañadas de humedades de 65–80% o más.


¿Qué ocurre específicamente en un caballo de barriles o gymkhana?

Una carrera de barriles puede durar solamente 15, 18 o 20 segundos. A primera vista podría parecer que el esfuerzo es demasiado corto para representar un riesgo térmico importante. Pero fisiológicamente no funciona de esa manera.

Un caballo de barriles realiza un esfuerzo explosivo y de alta intensidad: acelera rápidamente, desacelera, gira alrededor de los barriles, vuelve a acelerar y finalmente corre hacia la línea de meta. Los músculos producen una gran cantidad de calor en muy poco tiempo.

Además, la carrera casi nunca constituye toda la actividad del día. El caballo puede haber pasado previamente horas:


  • viajando dentro de un remolque;

  • esperando su turno;

  • parado bajo temperaturas elevadas;

  • caminando o trotando durante el calentamiento;

  • realizando una primera ronda;

  • recuperándose parcialmente;

  • calentando nuevamente para una segunda prueba;

  • participando posteriormente en pole bending u otra prueba de gymkhana.

Es decir, el problema no son solamente los segundos dentro de la pista, sino la acumulación de calor durante todo el evento.

Incluso el transporte merece atención. Una revisión científica sobre estrés térmico en caballos señala estudios donde la temperatura dentro de un remolque podía encontrarse aproximadamente

5–9.5°C por encima de la temperatura exterior, dependiendo de las condiciones y ventilación. 


Cuando temperatura y humedad aumentan juntas

Una herramienta sencilla utilizada en manejo equino consiste en sumar:

Temperatura ambiental en °F + humedad relativa (%)

La Universidad de Minnesota utiliza esta guía orientativa para valorar la capacidad del caballo para enfriarse: 

Temperatura + humedad

Capacidad para disipar calor

Menos de 130

Relativamente eficiente

130–150

Disminuye

Más de 150

Muy reducida, peligroso

Más de 180

Puede ser extremadamente peligrosa para un caballo bajo estrés

 

Por ejemplo, con 90°F y 70% de humedad, el resultado sería:

90 + 70 = 160

Eso significa que la capacidad del caballo para disipar el calor ya se encontraría considerablemente reducida, especialmente durante ejercicio intenso.

Es importante aclarar algo: el índice de calor utilizado por el Servicio Nacional de Meteorología fue diseñado para seres humanos, no específicamente para caballos. Por eso no debe utilizarse como única medida para decidir si un caballo puede competir. En equinos deben considerarse además temperatura, humedad, radiación solar, ventilación, duración e intensidad del ejercicio, acondicionamiento y recuperación individual.


Pérdida de agua y electrolitos

Un caballo trabajando intensamente bajo calor puede perder cantidades extraordinarias de líquido.

La Universidad de Minnesota indica que un caballo sometido a trabajo fuerte en condiciones calientes puede perder aproximadamente 2–4 galones de sudor por hora

Además, el sudor equino contiene importantes concentraciones de:

sodio, cloruro y potasio.

Por eso el caballo no pierde solamente agua: también pierde electrolitos esenciales para la función muscular, nerviosa y cardiovascular. 

A medida que aparece la deshidratación, disminuye el volumen circulante de sangre. El corazón debe trabajar más para enviar sangre tanto a los músculos como hacia la piel para disipar calor.

Esto crea un círculo peligroso:

más calor → más sudor → mayor pérdida de líquidos → menor capacidad de disipar calor → mayor temperatura corporal.

La deshidratación concurrente con el ejercicio aumenta todavía más el riesgo de enfermedad relacionada con el calor. 


El caballo entrenado tampoco es inmune

Un caballo bien acondicionado tiene ventajas importantes. El entrenamiento y la aclimatación al calor pueden mejorar la estabilidad cardiovascular y la eficiencia de los mecanismos de termorregulación.  Pero esto no significa que un caballo atleta esté protegido completamente.

Los investigadores advierten que incluso caballos entrenados y aclimatados pueden desarrollar hipertermia cuando realizan ejercicio bajo condiciones calurosas y especialmente calientes y húmedas, porque existe un límite físico para la cantidad de sudor que puede evaporarse del cuerpo. 

Por eso expresiones como “ese caballo está acostumbrado al calor” o “siempre ha corrido así” no deberían utilizarse como garantía de seguridad.


Una condición particularmente preocupante en climas tropicales: anhidrosis

En Puerto Rico merece atención especial la anhidrosis, una condición en la cual el caballo pierde parcial o totalmente la capacidad de sudar adecuadamente.

La anhidrosis se observa especialmente en caballos mantenidos durante largos períodos en ambientes calurosos y húmedos, incluyendo caballos atletas. 

Un caballo con anhidrosis puede presentar:

respiración exageradamente rápida, pobre tolerancia al ejercicio, recuperación prolongada, temperatura corporal elevada y poca o ninguna sudoración a pesar del calor y el esfuerzo.

Como la evaporación del sudor es el mecanismo principal del caballo para eliminar calor, un caballo que no suda adecuadamente tiene un riesgo considerablemente mayor de hipertermia.


¿Cuáles son las señales de alarma?

Después de una carrera fuerte es normal observar aumento de la respiración, sudoración y frecuencia cardíaca. Lo importante es que estos parámetros comiencen a recuperarse progresivamente después del ejercicio.

Entre las señales que requieren atención se encuentran:

  • temperatura rectal superior a aproximadamente 103°F después del ejercicio que no disminuye adecuadamente;

  • respiración o frecuencia cardíaca que permanecen excesivamente elevadas;

  • sudoración profusa acompañada de recuperación lenta;

  • o, por el contrario, ausencia de sudor cuando debería estar sudando;

  • mucosas secas;

  • debilidad;

  • apatía o comportamiento anormal;

  • incoordinación;

  • tambaleo;

  • colapso.

Una temperatura corporal de 105–106°F o más, especialmente acompañada de taquicardia, respiración elevada, alteraciones neurológicas o incapacidad para recuperarse, representa una situación seria que requiere enfriamiento inmediato y atención veterinaria


Enfriar rápidamente no hace daño al caballo caliente

Durante muchos años circuló dentro del mundo ecuestre la creencia de que no debía aplicarse agua fría a un caballo muy caliente porque podía provocar calambres o problemas musculares. La evidencia moderna no respalda esa práctica.

Para un caballo sobrecalentado, el enfriamiento rápido es beneficioso. La Universidad de California–Davis recomienda aplicar agua continuamente sobre el cuerpo; mientras más fría sea el agua, más rápidamente puede reducirse la temperatura central. Tampoco es necesario retirar constantemente el agua con un raspador para evitar que el caballo supuestamente se caliente nuevamente. 

Cuando existe sospecha de hipertermia severa, el objetivo es sencillo:

detener el ejercicio y comenzar a eliminar calor inmediatamente.

Sombra, circulación de aire, agua abundante y evaluación veterinaria pueden marcar una diferencia crítica.


El bienestar empieza antes de abrir la pista

En un evento de barriles o gymkhana, la seguridad térmica no debería comenzar cuando un caballo muestra síntomas.

Debe comenzar durante la planificación del evento.

Cuando se esperan condiciones extremas, los organizadores pueden considerar cancelar el evento, modificar horarios, reducir períodos de calentamiento, aumentar las pausas, habilitar zonas de sombra, asegurar acceso constante a agua, disponer de áreas de enfriamiento y vigilar la recuperación de los caballos.

La literatura veterinaria sobre estrés térmico equino enfatiza precisamente que los eventos realizados en condiciones térmicamente exigentes requieren planificación cuidadosa y manejo preventivo para proteger el bienestar de caballos y jinetes

En algunas jurisdicciones de carreras incluso existen protocolos que permiten modificar, posponer o cancelar competencias cuando las condiciones ambientales alcanzan niveles extremos. 


Competir responsablemente también es "horsemanship"

En las carreras de barriles solemos hablar de velocidad, control, técnica y conexión entre caballo y jinete. Pero existe otra característica igual de importante: saber reconocer cuándo las condiciones dejan de ser favorables para nuestro compañero equino.

Un caballo puede querer correr. Puede entrar a la pista con energía. Puede incluso hacer un excelente tiempo. Eso no significa necesariamente que su organismo esté manejando adecuadamente la carga térmica.

La verdadera responsabilidad del jinete, entrenador y organización consiste en evaluar no solamente si el caballo puede correr, sino si debería hacerlo bajo las condiciones existentes.

Porque cuidar un caballo atleta no significa únicamente mantenerlo sano para competir.

Significa también saber cuándo no pedirle que compita.


Referencias principales

Kang H, Zsoldos RR, Sole-Guitart A, Narayan E, Cawdell-Smith AJ, Gaughan JB. Heat stress in horses: a literature review. International Journal of Biometeorology, 2023.

 

Hodgson DR, Davis RE, McConaghy FF. Thermoregulation in the horse in response to exercise. British Veterinary Journal, 1994

 

Geor RJ, McCutcheon LJ. Thermoregulatory adaptations associated with training and heat acclimation. Veterinary Clinics of North America: Equine Practice, 1998. 


University of Minnesota Extension. Caring for horses during hot weather.

 

UC Davis School of Veterinary Medicine, Center for Equine Health. Keeping Horses Healthy in Hot Weather. 


MacKay RJ, Mallicote M, Hernandez JA, et al. A review of anhidrosis in horses. Equine Veterinary Education / AAEP.


 
 
 

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